POR TIERRAS DE MOLLINA, FUENTE DE PIEDRA Y ALAMEDA

Ciro Bayo, en su libro: “El lazarillo español”, cuando relata su viaje de Sevilla a Granada, nos narra lo siguiente: “Pasada la Roda, se cruza un trozo de la provincia de Málaga, metido como una cuña en tierras de Sevilla, Córdoba y Granada.

El terreno va haciéndose montañoso. La entrada por cualquiera parte es penosa e incómoda por los pedregosos montes que salen al paso; pero no hay pedazo de tierra que no esté plantado de viñas, porque, según parece cuanto más áspero y montañoso es el terreno produce vinos de mejor calidad. A estos vidueños, por lo extendido que están por los montes y laderas hasta la marina, se les puede aplicar lo de la abundancia y ramificación de las vides de Judá, que extendían sus vástagos hasta la mar, cubriendo los montes con su sombra.

Hago especial mención de estos viñedos porque ellos fueron las posadas de mi hambre en este trayecto.

¡Qué uvas las malagueñas! Las vi blancas y negras y de tantas clases, que yo, como Virgilio, protesto no poderlas numerar; desde las tempranas, que nuestro Plinio llama forenses, porque madurando antes se venden mejor en las plazas, hasta las moscateles, cuyo olor y sabor es como el almizcle o mosqueta, de lo que les pudo venir el nombre en castellano. Apianas les llama también Plinio, por ser las abejas muy golosas de ellas; son uvas gordas, perladas de forma y de color, hollejo muy recio, pero de comer muy dulce, con lo que dicho se está que ellas fueron mis predilectas.”

Con estas miras, las de saborear el vino de estas tierras y, ¡cómo no! su aceite, la comida de estas fechas prenavideñas en plena matanza, la Academia Gastronómica de Málaga realizó su habitual salida del mes de diciembre por tierras del norte de la provincia, concretamente, por la comarca de Antequera.

Parada en la plaza principal de Fuente de Piedra para desayunar unos ricos molletes con aceite, chicharrones, jamón, queso o lo que cada uno tuviese a bien o unos tejeringos comprados en un kiosco de la misma plaza. Después, el organizador de la visita, el que suscribe, delante de la Fuente de piedra de la plaza, sorprendidos porque ya no es agua potable, contó la historia de esa fuente que, según la leyenda, de ella manaba un agua capaz de curar el “Mal de riñón” y era tan conocida que tenía hasta sus señas de identidad y, para no falsificarla o llegase en mal estado, ya que se repartía -mejor se vendía-, por todas partes, se ataban los cántaros con una hierba autóctona de estas tierras. Si la hierba llegaba fresca, el agua también era frescal. Hoy, nada queda de esta agua tan milagrosa.

Luego, nos trasladamos a comprar, la Academia tuvo el detalle de obsequiarnos a cada académico con dos litros, el aceite de la Cooperativa El labrador que tantos premios viene cosechando desde hace años y que tan rico está, sobre todo si es sin filtrar, para los desayunos y ensaladas.

A continuación, de nuevo al autobús y a Alameda a ver el Centro Temático del Campo Andaluz, el Centro Temático de las Termas Romanas, Yacimiento arqueológico de las Termas Romanas y Silos calcolíticos y la Iglesia de la Inmaculada Concepción con el patio mausoleo de José María El Tempranillo. Todos quedamos sorprendidos con tanto arte y yacimientos, para muchos desconocidos. Muy interesante fue, también, la historia del famoso bandolero.

El alcalde tuvo la gentileza de obsequiarnos con un libro: “Guerrilla, Contraguerrilla y Delincuencia en la Andalucía Napoleónica”, de Francisco Luis Díaz Torrejón y El Centro Temático del Campo Andaluz, nos regaló una “Guía turística de Tierras de José María, El Tempranillo”. Ambos libros muy interesantes para conocer parte de la historia de estos pueblos, sus monumentos y su gastronomía.

Posteriormente, mientras contemplábamos el Mirador de la Sierra de la Camorra, nos dirigimos a las tierras del vino, ya descritas antes, para comer en el Restaurante Plaza Mollina, en el centro de Mollina.

Hacía frío ese día, 13 de diciembre de 2014, necesitábamos energía para superarlo y, desde luego, tuvimos en dónde elegir en cantidad y en calidad, con las calorías suficientes para quitarnos el frío del cuerpo.

Aunque estaban preparados unos platos para picar, el frío, el mal tiempo que padecimos ese día y el cansancio hicieron que nos sentásemos junto al aire acondicionado para calentarnos algo.

Y lo que estaba previsto para picar en la barra, se convirtieron en unos entremeses en mesa: Jamón ibérico, queso curado, caña de lomo ibérica y morcilla de lomo ibérica, de elaboración propia. Variados y exquisitos entremeses que hubiesen bastado para comer bien, si no fuese porque habíamos ido a degustar unos platos típicos que lo había elaborado, con mucho esmero e interés, los dueños del Mesón, para los miembros de la Academia.

Siguieron unas tostadas ibéricas, especie de paté confeccionado por ellos a base de lomo ibérico de orza y otras materias de la matanza, de gran gusto y buena presentación. Luego una sabrosísima sopa de viña AB, que en nada tenía que envidiar al mejor gazpachuelo malagueño y, para remate de platos, unas migas caseras con chorizo ibérico, pimientos y huevo frito. Abundante comida que nos hacía presagiar lo que se nos avecinaba para las venideras fiestas navideñas: Comidas y más comidas de empresas, amigos, familiares, etc. Muchos académicos, tomaron nota de esta copiosa comida para sus futuros compromisos, e intenta imitarla.

Y ¡cómo iba a faltar el postre! también de elaboración casera y especialidad de la casa: Tarta casera de almendras. De un sabor único y extraordinario que la mayoría de los comensales nunca habíamos probado cosa igual.

Un gran día de comida, como pocas veces lo hemos tenido y que falta nos hacía.

Toda la comida fue regada y los platos maridados con muy buenos vinos: Blanco Montespejo, Rosado delirio de Muñana y Tinto Muñana 3 cepas. Todos de buen paladar, en su punto y que maridaban con los platos degustados.

Tras el café, una nueva sorpresa alcohólica: Unas copas de Apiane, un espumoso de Moscatel dulce de la tierra, que nos dejó con una gran sabor por su novedad y por su calidad.

Menos mal que la prudencia y los buenos hábitos de los comensales allí presentes, hicieron posible digerir bien estos copiosísimos alimentos y exquisitos vinos, porque de no haberlo hecho así, nos hubiese pasado como al pobre Ciro Bayo: “Me pareció que los malagueños, a fuer de rumbosos, no guardaban sus viñas y dejaban que las aves del cielo y los pobres viandantes aliviasen las cepas de sus pesados racimos. Así pues, con una buena panzada de uvas moscatel y un bocado de pan me dispuse al asalto de Antequera.

Y al asalto me disponía cuando casi en la linde del próvido vidueño, que a placer esquilmé porque creí que nadie me veía, un hombre con escopeta me sorprendió en la ridícula postura que los viñadores de La Champagne sorprendieron a un destacamento de prusianos que se habían atracado de uvas en un viñedo.”

Las uvas las tomamos convertidas en vino o en espumoso y no sólo no se nos indisgestaron, sino que contribuyeron a que se hiciese más ligera la digestión. Cantando villancicos y alegres por la proximidad de la Navidad, marchamos en el autobús rumbo a Málaga, tras esta fabulosa jornada.

Málaga, diciembre de 2014.
Academia Gastronómica de Málaga.

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