Restaurante Rincón de La Catedral

COMENTARIO GASTRONOMICO RESTAURANTE “RINCÓN DE LA CATEDRAL”

El pasado día 25 de abril, la Academia Gastronómica de Málaga, como ya es habitual en el último viernes de cada mes, se reunió para comer y dialogar en el Restaurante “Rincón Catedral” de Málaga. Concretamente, en la Calle Cañón, al lado de los hermosos jardines de la Santa Iglesia Catedral Basílica “Nuestra Señora de la Encarnación”, popularmente llamada: “La Manquita” porque le falta una torre, monumento importante del Renacimiento Andaluz, aunque diseñada por Diego de Siloé y Andrés de Vandelvira como gótica y a la que se le agregaron elementos barrocos, predominando siempre el elemento renacentista de la época de los Reyes Católicos.

Curiosamente, esta Calle Cañón, tan próxima a la parte trasera de la catedral, al ábside, contrasta, por el nombre, con las Calle del Cister, Postigo de los Abades y Cortina del Muelle, nombres bastante eufemísticos, y este hecho me ha llevado a consultar el origen de este nombre.

Alfonso Álvarez cuenta cómo, en las rutas turísticas de Málaga, se les suele enseñar a los turistas unos cañones que hay en la cornisa de la Catedral que apuntan amenazantes. Estos cañones no son tales, sino que son aliviaderos de agua que dan nombre a la Calle Cañón y que se colocaron allí para que, desde la Bahía de Málaga, la Catedral simulara una fortaleza bien definida porque había que causar respeto a los posibles barcos enemigos.

Los Académicos no éramos barcos enemigos, pero el clima meteorológico de ese día, con un viento desapacible, parece que nos tomó por tales y si bien los falsos cañones no hicieron retumbar su ajada y vieja pólvora, el desapacible viento, que se llevaba cuanto podía por los aires, la tomó con nosotros y cuando preveíamos un día soleado y agradable, resultó ser todo lo contrario. Nada pudimos hacer para evitarlo; no éramos Quijotes para luchar contra los gigantes que resultaron ser molinos de viento, en este caso, para enfrentarnos a las sombrillas que podrían ser arrastradas por la fuerza del viento. De ahí que lo más que pudimos hacer fue cobijarnos en el interior del restaurante y, los aperitivos de espera, que estaba previsto tomarlos mientras íbamos llegando y a la vez que charlábamos y cambiábamos impresiones, los tuvimos que tomar dentro, al principio, de pie y, luego, sentados porque de pie no podíamos estar al no haber espacio para ello y resultar incómodo.

ACADEMIA GASTRONOMICA DE MALAGA.
c/ Cortina del Muelle, 11 – 2º
29015- MALAGA.
secretario@academiagastronomica.com

El Restaurante “Rincón Catedral” es un local pequeño, ameno, bien adornado con motivos relacionados con lo religioso, acogedor, pero yo diría, parafraseando a Garcilaso de la Vega, cuando estaba desterrado en una maravillosa isla del Danubio: “Lugar agradable, para que quién como yo estoy ahora, no estuviera”, es decir, un restaurante magníficamente preparado para unos pocos comensales, pero a todo trance pequeño para acoger a los muchos académicos que acudimos ese día a comer. Una mesa alargada, aprovechando los rincones del salón, casi sin posibilidades de servir y alejados los comensales unos de otros, no es lo más deseado para dialogar, mientras se disfruta de una buena comida, y esto, unido a lo ya expuesto de que no se pudo saborear en la calle, viendo los jardines y oliendo sus flores, los aperitivos, hace que nuestra crítica no sea muy positiva pese al empeño en hacerlo bien, por parte de dueña y camareros.

Tras la bendición de la mesa, por parte del exdeán de la Catedral, compañero de la academia, nos dispusimos a degustar la comida.

Los aperitivos:

  • Aguacates aliñados con aceite y limón del Guadalhorce: Estaban muy buenos y de buen sabor, quizás con demasiado aceite.
  • Buchones de rosada con mahonesa: Buenos y la mahonesa muy sabrosa y bien elaborada.
  • Croquetas del puchero: Ricas de sabor, bien hechas y al estilo de la abuela.
  • Aceitunas aliñadas de Cártama: Extraordinarias, nada tiene que envidiar a otras aliñadas de la provincia con más fama y distribución.
  • Ensaladilla rusa de Paco: Agradable al sabor, suave, bien elaborada y con la mahonesa adecuada.

Platos principales.

  • Gazpachuelo con patatas, arroz, gambas y rape: Bueno, aquí, entre que estaba cerca de la pared, un pasillo estrecho, que la camarera pasaba con la sopera llena, temiendo que se nos cayese encima de la chaqueta el contenido de la sopera, algunos sólo recibimos dos cazos de caldo acompañados de dos patatas, sin arroz, ni otros añadidos-, creo recordar que estaba sabroso y bueno y a juzgar por los compañeros de al lado –de los que esperaba que se cumpliese la anécdota de aquel fraile que no podía protestar por la comida servida y que viendo que a él le había servido un plato con un insecto, se le ocurrió decirle al compañero sirviente aquello de que: “Oiga, a mi compañero no le han servido carne” en el sentido de que le hubiese dicho a la camarera que a algunos no nos habían servido nada más que caldo y patatas-, tengo que decir que les gustó mucho a todos y que esto dice mucho de este restaurante ya que la Academia Gastronómica de Málaga lleva mucho tiempo comiendo gazpachuelo en los distintos restaurantes que ha visitado.
  • Paletilla, no Patita como aparecía en el menú, de cordero lechal al horno con su guarnición: Algunas de ellas un poco secas y pasado el cordero, era el comentario. Buena guarnición y de calidad pese a la falta de punto.
  • Tarta de queso de la casa: Normal, en poco se podría afirmar que fuese casero, más bien de una persona, no comercial, sino particular que se dedica a hacer postres caseros. No obstante, estaba bueno y agradable, aunque un poco pegada.
  • La comida estuvo regada, maridada, con buenos vinos: “Emina Verdejo”: Blanco bastante bueno, “Emina Pasión 2011”: seco y duro al paladar y “Vino de Cómpeta”: quizás demasiado dulce para el postre.

El servicio fue algo lento, ya se ha explicado antes: Poco espacio, muchos comensales, pocos camareros, estrechez entre mesas y comensales y, desde mi punto de vista, aunque no sea lógico y normal ya que no se debe nunca prohibir que los clientes habituales acudan cada vez que lo crean conveniente, se debió haber cerrado al público para que los muchos comensales de la Academia, no por privilegio, sino por el número de comensales, estuviésemos cómodos.

Tras la entrega de un recuerdo de nuestro paso por el restaurante “Rincón Catedral” y con el deseo de haber tomado unas copas tras el café, -que no fue así- nos fuimos levantando, uno tras otro, cada comensal, a la espera de lo que suceda el próximo mes en el Hotel Meliá Costa del Sol de Torremolinos en la que se entregarán los Premios José Meliá.

Academia Gastronómica de Málaga.

Deja un comentario