Reconocimientos

Creamos es ta sección para rendir homenaje y reconocimiento a aquellos cuya labor ha sido fundamental para la creación y funcionamiento de la Academia Gastronómica de Málaga, agradeciendo así el entusiasmo y trabajo realizado.

Enrique Mapelli López

Miembro fundador de la Academia Gastronómica de Málaga

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Comentario

Manjares en el cielo

La Academia Gastronómica de Málaga y el XXXVIII Congreso Latino Americano de Derecho Aeronáutico y Espacial homenajean al profesor Enrique Mapelli.

Luis Utrilla Navarro

El pasado día 25 de septiembre se celebró en el Museo de Aeropuertos y Transporte Aéreo de Málaga una cena homenaje al profesor Enrique Mapelli López, coincidiendo con la celebración del XXXVIII Congreso Latino Americano de Derecho Aeronáutico y del Espacio, organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga.

En el transcurso de dicho acto el presidente del Congreso Mario Foldi rindió un homenaje a uno de los más importantes jurisconsultos del derecho aeronáutico internacional, pero en esta ocasión en su faceta de maestro de la gastronomía, una de las muchas aficiones del profesor Mapelli, un auténtico humanista como le calificó el profesor argentino.

A dicho reconocimiento se sumó la Academia Gastronómica Malagueña de la que Enrique Mapelli fue uno de sus fundadores. Participaron en el reconocimiento público de la labor emprendida por Mapelli en pro de la gastronomía malagueña y andaluza, su actual presidente Enrique Cibantos, acompañado del secretario general Francisco Alcaide y del miembro fundador de la misma Antonio García del Valle.

Tanto el Congreso como la Academia le hicieron entrega al catedrático Juan Ignacio Peinado, organizador del Congreso, de sendas placas conmemorativas para que se las hiciera llegar al profesor Mapelli, que no pudo asistir debido a su delicado estado de salud.

Como complemento de dicho acto se procedió a la inauguración de una exposición conmemorativa que el Museo de Aeropuertos y Transporte Aéreo ha dedicado a la magnífica colección de menús de abordo que Enrique Mapelli fue recopilando a lo largo de sus decenas de viajes por todo el planeta, y que constituyen la mejor muestra gastronómica de los servicios culinarios de la práctica totalidad de las grandes compañías aéreas internacionales.

Comer en el aire

Le correspondió a los aeronautas del siglo XIX ser los primeros en llevar vituallas para comer y beber en el aire, no solo por la incertidumbre del tiempo de duración del vuelo, sino por el desconocimiento del lugar en el que el aterrizaje de los globos se llevaría a cabo.

Con la aparición de los servicios aéreos comerciales en enero de 1914, la principal preocupación de pilotos y pasajeros se centraba más en superar las dificultades meteorológicas que en alimentarse en los cortos periodos de duración del vuelo.

Fue a finales de los años veinte, 1928, cuando la compañía alemana Luft Hansa introdujo el servicio de comida caliente en la línea Berlín- Viena, cuyos servicios se preparaban a bordo del avión por parte de los cocineros- camareros, y se servían en mesas con manteles de tela y copas de cristal.

La compañía francesa Air Unión, haciendo gala de la tradición culinaria gala, introdujo a partir de 1930 a bordo de la línea Rayon d’Or que cubría los servicios París- Londres, cocina de lujo que se servía en delicada porcelana china, en mesas de manteles de hilo almidonados, copa de cristal de bohemia y flores frescas. El avión, un Loiré et Olivier 213, contaba con mesas fijas para cuatro comensales.

Sin embargo el mayor exponente del lujo en el aire en estas primeras décadas del siglo XX vendría de la mano de los dirigibles, cuyo paradigma bien pudieran ser los vuelos entre Europa y Estados Unidos protagonizados por el LZ 129 Hindenburg, que contaba con salones de restauración, salas de cóctel con piano, bar, y todos los servicios de un hotel de cinco estrellas, destacando sus manteles de hilo y su cubertería de plata.

En España fue la compañía LAPE, Líneas Aéreas Postales Españolas la que decidió en 1934 ofrecer zumo de naranja a los pasajeros, especialmente en las líneas de larga duración, como era el caso de la ruta Madrid- Canarias que se realizaba con los modernísimos Douglas DC-2 y a los que entregaba un pequeño refrigerio antes de subir al avión para su consumo abordo.

A mediados de la década de los años treinta el protagonismo del servicio a bordo fue capitalizado por los gigantes hidroaviones que hacían las rutas del Pacífico. El Sirkosky S-42 que volaba de San Francisco a Hawai era todo un ejemplo del glamur de la época, al que pronto se sumó el China Clipper, un Martin M-130 que cubría la ruta transpacífica en octubre de 1936. El trayecto se realizaba en cinco días de vuelo con una presencia de más de sesenta horas en el aire. Los treinta y dos pasajeros del aparato eran atendidos en mesas de restaurante de seis comensales con un servicio de restauración completo. Hermano gemelo fue el Yankee Clipper, un Boeing 314 que hacía los vuelos transatlánticos de América del Norte a Europa

La revolución de la atención a los pasajeros durante el vuelo dio un giro copernicano en 1949 con la aparición del Comet, el primer avión comercial a reacción. Gracias a la presurización de la cabina de pasaje los vuelos alcanzaron los 12.000 metros de altitud, volando por encima de las tormentas y las inclemencias meteorológicas. Los nuevos aviones presurizados hicieron los vuelos cómodos y silenciosos, y el servicio a bordo se convirtió en una tarea tranquila y confortable.

Ya en los años cincuenta las compañías regulares fueron trasladando poco a poco esta actividad de mayordomía a empresas especializadas, siguiendo el ejemplo de Jim Marriot quien había iniciado en los años cuarenta los servicios de catering para las compañías aéreas estadounidenses.

De este modo, aquellos menús de abordo de los años treinta dejaron de ser algo exclusivo para convertirse en servicios rutinarios.

En los años setenta y ochenta se produjo una generalización de los servicios de comidas en los viajes de media y larga duración, al mismo tiempo que la denominada clase turista copaba la práctica capacidad de los aviones. La competencia de las compañías chárter hizo ajustar los precios de los pasajes de vuelo decayendo notablemente el servicio de abordo.

Esa misma competencia fue la que llevó a distintas compañías, de las todavía denominadas de bandera, a establecer nuevos servicios de calidad exclusiva en sus aviones. Junto a los magníficos asientos- cama o los entretenimientos mediante video consolas privadas, aparecieron de nuevo los grandes servicios de menú, la bienvenida de los pasajeros a bordo con una copa de champán, o la selección de comidas especializadas por parte del viajero: vegetarianas, indostánicas, islámicas, celiacas y un largo etcétera de opciones.

En los primeros años del siglo XXI mientras unas compañías han optado por eliminar de sus servicios cualquier atención de los pasajeros a bordo, otras se han inclinado por cobrar por los servicios que se prestan en los aviones. No obstante las grandes empresas del transporte aéreo internacional han optado por mantener la calidad de sus servicios en las clases preferente, ejecutiva o gran clase, especialmente en los viajes intercontinentales, y han puesto la elaboración y selección de sus menús en la mano de los grandes chef de la cocina internacional.

Hoy, al igual que hace un siglo, sigue siendo posible comer verdaderos manjares en el cielo.

Enrique Mapelli López

Nacido en Málaga en 1921 se licenció en Derecho en la Universidad de Granada y se doctoró en la Universidad Central de Madrid. Ingresó por oposición en el cuerpo de Inspectores Técnicos de Transportes Terrestres y trabajó al servicio de la compañía IBERIA, Líneas Aéreas de España, siendo director de sus Servicios Jurídicos durante más de treinta y cinco años.

El profesor Mapelli es académico de número de la academias Mexicanas de Derecho de los Transportes y de Derecho Internacional, y correspondiente de la Academia Mexicana de Derecho Espacial; miembro de la Academia de Doctores, titular de la Asociación Española de Astronáutica y de la Sección de Derecho Aeronáutico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de España; del International Institute of Space, de París; de la American Society of International Law, de Washington; del Instituto Hispano Luso Americano de Derecho Internacional, de la International Law Association; miembro fundador y presidente de honor del Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico y del Espacio, y titular de la Asociación Latino Americana de Derecho Aeroespacial, de la que es vicepresidente. Es miembro correspondiente de la Sociedad Brasileña de Derecho Aeroespacial y de la mayoría de las sociedades, institutos y centros iberoamericanos dedicados a la investigación sobre temas jurídicos relacionados con actividades aeronáuticas y espaciales.

En reconocimiento a sus méritos le han sido otorgadas diversas condecoraciones, entre las que citaremos las españolas medalla de Plata al Mérito Turístico, la encomienda de la Orden del Mérito Civil, la cruz del Mérito Aeronáutico y la cruz de Honor de la Orden de San Raimundo de Peñafort. De las distinciones extranjeras citaremos el nombramiento de Caballero de la Orden de Grimaldi, del Principado de Mónaco; la Encomienda de la Orden “Rio Branco” y la Medalla “Santos Dumont”, ambas de Brasil; la cruz Jorge Chávez, de Perú; y las medallas “Ao Mérito” y “Honra ao Mérito”, de la Sociedad Brasileña de Derecho Aeronáutico.

El profesor Mapelli ha desarrollado también una importante tarea como diplomático en su condición de cónsul del Principado de Mónaco en Madrid y ha desempeñado la función de vicedecano del Cuerpo Consular acreditado en Madrid.

Desde 1954 ha publicado infinidad de artículos, dictado cursos y pronunciando conferencias en numerosos países, que se han recogido en publicaciones especializadas y generalistas de toda índole.

Ha escrito obras fundamentales del derecho aéreo y en especial en relación con el régimen jurídico del transporte aéreo comercial transcendentales para el desarrollo del turismo por vía aérea.

La colección de menús de a bordo de Enrique Mapelli

La gran labor del profesor Mapelli en pro del derecho aeronáutico internacional, especialmente la dedicada al transporte aéreo comercial, ha dejado relegada a un plano menos notable su gran labor como gastrónomo.

Buen conocedor de la cocina española, y especialmente de la malagueña, Enrique Mapelli ha robado tiempo al tiempo para recopilar y escribir las recetas tradicionales de la cocina mediterránea.

De su pluma han salido obras que se han convertido en el referente de centenares de hogares malagueños y que les han permitido preparar con destreza platos como el gazpachuelo, el ajo blanco, la porra antequerana, y un largo etcétera.

Obras como Papeles de Gastronomía Malagueña; La cocina tradicional de Málaga;

Gazpachos, sopas y ajos blancos; o el Gran libro de la cocina andaluza, dejan bien patente su faceta como gastrónomo.

En su interés por la cocina internacional Enrique Mapelli ha aprovechado sus numerosos viajes por toda la geografía de nuestro planeta para ir recopilando la información gastronómica que las compañías aéreas ofrecían a los pasajeros en sus vuelos.

Fruto de dicha recopilación ha sido una magnífica colección de menús que conforman una excelente representación de la cultura gastronómica internacional y que hoy se exhibe en el Museo de Aeropuertos y Transporte Aéreo malagueño.